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La Revista Agraria Nº 35 - Lima-Perú, abril 2002

Coyuntura:

 

La crisis del café: ¿cómo enfrentarla?

La caficultura nacional y mundial vive su quinto año de crisis, la más larga y severa de la historia, debido a una situación de sobreoferta mundial del grano y la consiguiente caída de precios que a principios de este año llegaron a los niveles históricos más bajos. Los estimados de producción, en los principales países productores de café, hacen prever que los precios seguirán bajos hasta, por lo menos, el 2003. En esta crisis el Perú es, hasta el momento, uno de los pocos países productores de América Latina que no define una estrategia para enfrentarla. Hay, sin embargo, razones de peso para hacerlo. 

El Perú sólo participa con poco más del 2% del volumen de café que se comercializa en el mundo. A pesar de esta pequeña participación el café ha sido y es nuestro principal producto de agroexportación. En el 2001 el valor exportado fue de más de 180 millones de dólares, 10% menos que en el 2000, lo cual representó el 31% del valor total de las exportaciones agropecuarias.

Pero además de las divisas que genera, la caficultura tiene importancia para el país porque de ella dependen directamente alrededor de 125 mil familias de pequeños productores, en un 95% con menos de 5 Has. El área cafetalera es de aproximadamente 218 mil hectáreas ubicadas en 47 provincias a lo largo de casi toda la selva alta del país. Y es sabido que éstas son zonas de conflicto por la presencia del narcotráfico y aún de núcleos senderistas. El recibir precios que no cubren los costos de producción, ya está significando que muchas familias de caficultores abandonen sus plantaciones para dedicarse al cultivo de la coca, cuyos precios siguen en alza.

Lorenzo Castillo, Gerente de la Junta Nacional del Café (JNC) afirma que la crisis se manifiesta en una desvalorización de la mano de obra familiar. "El jornal que antes se valorizaba entre 4 y 4.5 dólares, ahora se cotiza entre 1.30 y 1.40 dólares, tanto para las labores culturales como las de cosecha", lo cual afecta también a miles de campesinos andinos que migran temporalmente para complementar sus ingresos laborando en la recolección del grano.

A la fecha, y después de cuatro años de crisis, los pequeños productores han consumido los excedentes obtenidos en años de precios altos, vendieron equipos y "hasta están endeudados con tiendas de abarrotes", dice Castillo.

Pero sigue siendo negocio

El grupo Chorlavi, que auspicia la Asociación Latinoamericana de Organismos de Promoción (ALOP), realizó recientemente una conferencia electrónica sobre la crisis del café, sus causas, impactos y estrategias de respuesta. Una de las cosas que se puso en evidencia es que, a pesar de la crisis, el comercio del café sigue siendo un negocio para el grupo de transnacionales que controlan la industria tostadora y de distribución del grano en el mundo.

En los países consumidores, que son principalmente Estados Unidos, Unión Europea y Japón, se han acumulado grandes volúmenes de café de baja calidad, lo cual permite controlar el mercado y gracias a ello especular con los precios que se negocian en bolsa.

Sin embargo, mientras que a los productores se les paga entre 45 y 60 dólares por el quintal de café verde, ese mismo grano tostado llega a venderse en los principales centros de consumo mundial en cerca de 100 dólares el kilo, dice Lorenzo Castillo. La diferencia es pues abismal y quien se lleva el beneficio es la poderosa industria transnacional concentrada en no más de diez empresas.

Una de las causas de esta situación es la desarticulación del papel regulador que desempeñó la Organización Internacional del Café (OIC) hasta fines de los 80. La regulación se daba a través de un sistema de cuotas de exportación que permitieron controlar la oferta y mantener los precios estables. La ruptura del acuerdo en 1989, dejó al café al libre juego de la oferta y la demanda, con las consecuencias que ahora vemos.

Los intentos por restablecer el sistema fracasaron a principios de los 90 cuando Estados Unidos, el principal consumidor mundial, se retira de la OIC dando lugar a la formación de la Asociación de Países Productores de Café (APPC). Este último organismo acordó el año 2000 ordenar el mercado cafetalero mediante un plan de retenciones de la producción, pero al cabo de un año tuvo que cancelarlo porque pocos países lo estaban cumpliendo.

En este contexto, no es previsible que se logre restablecer el sistema de cuotas. Sin embargo las organizaciones de productores consideran que la hoy debilitada OIC puede y debe intervenir en el comercio para establecer niveles de calidad e impedir que la industria siga utilizando en las mezclas que comercializa, cafés de tercera calidad. Ello supone compromisos de destrucción de los cafés de baja calidad por parte de los países productores, pero también de los stocks acumulados en los países consumidores.

Las alternativas peruanas 

A iniciativa de la JNC se ha constituido el Consejo Nacional del Café como instancia de concertación de políticas entre productores, exportadores y el Estado. En este organismo la Junta viene planteando establecer un Fondo de Estabilización de Precios del Café Peruano.

El propósito es compensar a los productores por efecto de los precios bajos, con un pago adicional de 6 a 10 dólares por quintal, que se otorgaría a modo de préstamo a los caficultores empadronados y organizados que entreguen cafés con no más de 13% de humedad. De esta manera se alentaría el mantenimiento de las plantaciones, y el recojo y procesamiento de café de calidad.

En la propuesta de la JNC el adelanto sería recuperado por el Fondo mediante un autogravamen a las exportaciones de café cuando el precio FOB esté por encima de 80 dólares. La cuestión es cómo financiar el préstamo. La Junta, que preside el Ing. Raúl del Águila de la Central de Cooperativas del Valle de la Convención (COCLA), está planteando reorientar parte de los bonos del tesoro asignados a los programas de rescate financiero que no serán utilizados.

Adicionalmente, la Junta del Café, viene impulsando la producción de cafés especiales y de calidad para aprovechar los mejores precios que éstos obtienen en el mercado internacional. Bajo este impulso y la cooperación de organismos internacionales, se ha logrado aumentar la participación de los productores organizados en la exportación de café. La Junta indica que esta participación se elevó de 3.6% en 1996, a 13.5% en 2001. Se ha logrado que las organizaciones de productores diversifiquen su cartera de clientes, y aprovechen los nichos de mejores precios que se obtienen con la venta de café de alta calidad, vale decir cafés orgánicos, en el mercado del comercio justo.

Para continuar con esta tendencia se requiere implementar un programa de extensión agraria adecuada a la realidad de los caficultores, y fomentar su organización gremial y empresarial para modernizar sus plantaciones y dar valor agregado a sus cosechas.

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