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La Revista Agraria Nº 22 - Lima-Perú, diciembre 2000

Editorial:

Distrito electoral múltiple: continúa el debate

caratula22.jpg (25111 bytes)Las últimas semanas han estado marcadas por las continuas revelaciones de la red de corrupción del dúo Fujimori - Montesinos y por la polémica sobre cómo deben elegirse a los parlamenta-rios en las próximas elecciones: distrito electoral único o múltiple. Al final, luego de idas y venidas, triunfó ésta última: los departamentos tendrán sus representantes.
El argumento principal a favor del distrito electoral múltiple es que es más representativo. Los departamentos elegirán a sus parlamentarios proporcionalmente al peso de la población. El nuevo Congreso favorecerá -al menos ésta es la hipótesis deseable- la descentralización, y por tanto será más democrático; la alternativa del distrito único hubiera consolidado el centralismo exacerbado durante el período fujimorista.
Estos argumentos son válidos para la polémica, pero es obvio que, aún siendo superior a la opción derrotada, no es suficiente el distrito electoral múltiple para que el Congreso sea más democrático o más representativo. Mencionaremos tan sólo dos argumentos: es probable que los candidatos no pasen por ninguna instancia democrática para llegar a ser tales; en segundo lugar, los congresistas elegidos no necesariamente se verán obligados a rendir cuentas a sus representados, ni a canalizar sus iniciativas e intereses. Ni lo exige nuestra cultura política, ni existen normas en ese sentido, como el ser revocables, por ejemplo.
Frente a esta situación, la población rural se encuentra en una situación de especial desventaja. La concentración de los votantes se da en las ciudades, y los congresistas están más cercanos a los intereses urbanos que rurales. La misma dispersión de la población rural hace más difícil que ésta exprese sus reivindicaciones y ejerza presiones. Por la misma razón, si los congresistas no se sienten compelidos a rendir cuentas a los espacios concentrados de electores, las ciudades, menos lo estarán de hacerlo al disperso ciudadano del campo.
La debilidad de los partidos políticos vuelve más precaria aun la relación entre los congresistas y sus representados del campo. Los partidos políticos suelen canalizar y articular en sus propuestas los diferentes intereses de la sociedad, los que a su vez encuentran en el Parlamento el espacio para convertirlos en leyes. A falta de partidos, la mayoría de congresistas probablemente constituirán grupos a partir del ensamblaje de intereses específicos, sin referencia a orientaciones estratégicas, y en donde el oportunismo puede ser dominante.
Por estas razones es importante que el debate político no se detenga con la decisión tomada, pues deben buscarse normas y mecanismos no sólo para que los representantes rindan cuentas, sino también para que en su función legislativa y de fiscalización estén expresados los intereses de los representados. Ello también debe formar parte de la institucionalización democrática.


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